Friday, April 04, 2008

Punta Sal

--- oiga joven, pues lo voy a tener que multar pe – multarme porque? Qué hice? – pues... pues iba manejando muy rápido --- en ese momento un jeep de color blanco pasa echo la madre --- ese iba más rápido que yo! – si pero no puedo detenerlo porque estoy con usted pe – mire ahí viene uno ... mire que rápido que va... párelo --- El policía levanta la cabeza, se toca el cuello, saca un pañuelo de su bolsa y se limpia el sudor del cuello --- mire joven, deme lo que sea, ya para dejarlo ir – pero porqué?, no hice nada – ok mi amigo, no hizo nada – ahh ya ve! – pero coopere no pe? – cooperar para qué? – pues pa´mi pe, no me pagan bien, tengo a mi familia, mi niña ya va a entrar a la escuela pe – ah eso es diferente a decir que venía rápido no? – además mire que coche tan bonito está manejando... usted es de plata pe ---no es mío, es de la compañía – mire ayudeme joven... no sea así --- miraba mi reloj, mi avión saldría pronto --- mire, le voy a dar pero no debería de estar pidiendo dinero – gracias joven, se lo agradezco muchísimo --- saqué de mi cartera un billete y se lo dí --- muchas gracias joven, que tenga buen viaje y maneje con cuidado... si le llegan a detener más adelante, diga que habló conmigo, me llamo Facundo --- sólo me lo quedé viendo al sinvergüenza, ya ni le dije nada, arranqué y veía por el retrovisor como el policía le hacía señas al siguiente coche para que se detuviera

Me encontraba en la carretera que iba a Tumbes, me dirigía de nuevo a Talara donde más tarde tomaría mi avión a Lima. Me había tomado la tarde libre y alguien me había sugerido que las playas en esa parte del país eran bacanes. Tomé el coche de la compañía y empecé a manejar en dirección hacia el norte, estaba muy cerca de la frontera de Ecuador, si me daba tiempo quizás cruzaría. Talara no me había impresionado, era solo un pueblito y el agua creo me había hecho daño, me habían salido ronchas desde que llegué ahí. La zona era desértica, entonces no había agua más que cuando llovía, los rumores eran que el agua que la población utilizaba era proveniente de una planta de tratamiento de aguas negras. Quizás era cierto y esa era la razón de las ronchas. Sólo pasé una semana ahí, así que no me preocupé mucho.

Casi no había ni una alma en la carretera, el paisaje era el de un desierto, había rocas, mucha arena y matorrales, había partes en la carretera en las que se podía ver la majestuosidad del Pacífico, el día estaba brumoso, pero se podía ver el sol. Me dijeron que había varias playas en la zona, pero que me fuera a la que estaba más lejos, porque las demás estaban llenas de surfistas, jipies y turistas, en especial en Máncora.

Después de un rato ví que me encontrababa cerca de Máncora y recuerdo en la carretera ver a una patrulla, bajé mi velocidad pero no me detuve, había un policía afuera de la patrulla, de uniforme color kaki, era un hombre muy alto y gordo, tenía lentes obscuros y tenía bigotito, cuando pasé se me quedó viendo y yo a el, pero seguí mi camino hacia el norte. Pasé por más playas: Pocitas, Vichayito, y Organos hasta que llegué a mi destino: Punta Sal. Me encontraba en el departamento de Tumbes, cerquísima de Ecuador.

Me salí de la carretera y ahora seguí un camino de terracería, no se veía nadie más, maneje más y más y nada, no veía ninguna playa, no veía el mar, solo rocas y matorrales, pensaba que quizás la había cagado y estuve a punto de regresarme, pero decidí seguir. Después de un rato pude ver el mar y paré el coche porque ya no se podía seguir, ahora caminaba y podía ver el Pacífico y la playa, no había nada de gente. La arena era blanquita y muy suave, el agua estaba calientita y se veía como el sol brillaba sobre el mar. El olor era a fresco.Ví a lo lejos unas chozas y empecé a caminar para allá. Era un pequeño hotelito, justo en la playa, quizás tendría unas cinco habitaciones y un restaurante --- buenas – buenas... que le servimos joven? – venden comida? – claro pe! – que vende de comer? – nuestra especialidad es aguadito de mariscos... está para chuparse los dedos – a ver deme uno – como no... nadamás que va a tardar un rato... apenas me acaban de traer los mariscos... están frescos y hay que cocinarlos – no hay problema, me espero... mientras me voy a dar una vuelta por aquí – como usted guste pe --- Seguí caminando un rato y me fui a sentar por ahí. Después de un rato me jetié, el ruido del mar me arrulló. Me desperté con hambre y fuí de nuevo hacia para el hotelito que había encontrado --- siéntese joven, ya está el aguadito, quedó muy rico pe --- Una señora salió de la cocina con un mega plato y me lo puso enfrente y se regresó --- es usted limeño mi amigo? – no que va, soy de México – ah! México? que lejos! --- El hombre se metió a la cocina y trajo dos cervezas --- cortesía de la casa mi amigo mexicano – ahh muchas gracias... salucita – salucita pe --- El aguadito era una verdadera delicia, miré mi reloj y pensé que quizás ya no me daría tiempo de cruzar a Ecuador, pero no me importó mucho, estaba en el paraíso. Platiqué con mi anfitrión de todo un poco, de comida, del clima, de las oportunidades de negocio, hasta de las próximas elecciones que se venían. Me despedí y caminé otro rato tomando fotos. Se hacía tarde, era momento de regresar.

Me subí al coche y empredí el camino de regreso. Llegué a la carretera y le pisé el acelerador, mi avión saldría pronto. Cuando pasé de nuevo por Mancora, ví al policía gordo de uniforme kaki de antes, esta vez me hacía señas para que me detuviera.

1 comment:

Señora Samsonsen said...

ah el esposo de mi mejor amiga es de talara.. se me hace muy interesante ese pais peru, tan chidas tus anecdotillas